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4 GB de RAM con Redis y OPcache sostienen de 500 a 1.000 pedidos al día sin el ahogo del compartido.
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Bare metal — AMD EPYCInquilino único Turin / Genoa, hasta 192 núcleosServidores GPU e IANVIDIA Blackwell B200 / H200, PCIe Gen5VPSInstancias por núcleo sobre los mismos hosts EPYCCloud y red
CloudInstancias por horas, snapshots, NVMe Gen5Protección DDoSAbsorción en el borde incluida en cada servidorRed y regionesÁmsterdam · Fráncfort · Londres · AshburnVPS
Un VPS de verdad es una porción garantizada de un host AMD EPYC: vCPU dedicada, NVMe, acceso root y precio mensual plano, sin sobreventa ni vecinos ruidosos. Te decimos con honestidad cuándo te basta el alojamiento compartido y cuándo dar el salto a la nube o al bare metal. Datos en la UE, conformes al RGPD, con baja latencia hacia España y Latinoamérica.
En breve
El peldaño
Un servidor privado virtual es una máquina virtual de especificación fija: vCPU, RAM y NVMe que son tuyos por un precio mensual plano, con root y aislamiento de otros inquilinos. Es el peldaño por encima del compartido y por debajo de la nube y el bare metal.
Compartido — muchos sitios en una misma máquina, sin root; el peldaño más barato y simple.
VPS — tu porción aislada y garantizada con root; donde dejas de compartir y empiezas a controlar.
Nube — como un VPS pero elástica y facturada por horas, para carga variable.
Bare metal — la máquina física entera, de inquilino único, para carga estable y rendimiento máximo.
La imagen útil es la de peldaños, no la de categorías. Cada paso arriba cambia un poco de simplicidad y coste por más aislamiento, control y rendimiento constante, y la mayoría de los proyectos suben la escalera con el tiempo en vez de elegir una respuesta definitiva el primer día. El VPS es el peldaño donde dejas de compartir y empiezas a controlar, y por eso es donde arrancan tantos proyectos serios.
Esta es la pregunta que separa un VPS que rinde de uno que te decepciona, así que merece una respuesta sin rodeos. La sobreventa consiste en meter en un host físico muchos más servidores virtuales de los que de verdad puede mover, apostando a que no todos estén ocupados a la vez. Cuando la apuesta falla, los benchmarks caen de un tercio a la mitad y tu CPU se atasca según se activan los vecinos, algo visible como un «CPU steal» alto.
Lo evitamos dando vCPU dedicada sobre hardware AMD EPYC capaz, en vez de núcleos compartidos y burstable que rinden a ráfagas cortas y luego frenan tu servidor (throttling) bajo carga sostenida para no molestar a los demás. La diferencia se ve en una sola métrica: el «steal» del procesador. En una máquina honesta se queda cerca de cero incluso a plena carga; en un VPS sobrevendido sube a dobles dígitos en cuanto un vecino se pone a trabajar, y ahí es donde tu base de datos empieza a ir a tirones.
# CPU steal bajo carga — la señal de la sobresuscripción
$ mpstat -P ALL 2
CPU %usr %sys %iowait %steal %idle
all 62.4 8.1 0.3 0.00 29.2
0 71.0 9.2 0.2 0.00 19.6
1 58.3 7.4 0.4 0.00 33.9
# %steal 0.00 = tu vCPU es dedicada; el host no te roba ciclos.
# en un VPS sobrevendido esto sube a dobles dígitos cuando los vecinos trabajan. No toda «virtualización» es igual, y la diferencia decide qué puedes hacer con tu servidor. Usamos KVM, virtualización completa a nivel de kernel: cada VPS tiene su propio núcleo, su memoria garantizada y aislamiento real de los vecinos, y puedes instalar cualquier sistema operativo y tocar parámetros del kernel con sysctl. Tecnologías más baratas como OpenVZ o LXC son contenedores que comparten el núcleo del host: valen para un sitio PHP sencillo, pero se quedan cortas para Docker complejo o software que necesita ajustar el kernel, y permiten esa sobreventa de RAM y CPU que degrada al vecino.
Ese aislamiento es también la línea de seguridad y de cumplimiento. Tus procesos, tu memoria y tu disco no son accesibles para otro inquilino, controlas tu propio cortafuegos, y los datos viven en una región de la UE conforme al RGPD. No es el aislamiento físico total de un servidor dedicado —para eso está el bare metal— pero es un aislamiento fuerte y predecible, muy lejos de un plan compartido donde cientos de cuentas se pisan los recursos.
El rendimiento de un VPS se decide en tres sitios. La CPU: una vCPU dedicada es un núcleo físico EPYC asignado a ti el 100 % del tiempo, no un núcleo compartido que rinde a ráfagas y luego se frena. El disco: el estándar de 2026 es NVMe sobre PCIe, con lecturas de varios gigabytes por segundo y los IOPS que una base de datos necesita; el SSD SATA se considera obsoleto y el HDD ni se plantea. Y la red: una tarjeta rápida y un tráfico mensual claro, sin que el ancho de banda se vuelva el cuello de botella de una API o un streaming.
La latencia es la pata que se olvida y la que más se nota cerca de casa. Un servidor en la Península responde a un usuario español en unos ocho milisegundos, frente a unos treinta desde Fráncfort o treinta y cinco desde Ámsterdam, y alrededor de cien desde la costa este de Estados Unidos. Para una tienda, una API o el SEO local, esos milisegundos se notan en la experiencia y en la conversión, y son una razón concreta para alojar cerca de quien te visita —en España o en el país latinoamericano al que sirves.
Quédate en compartido mientras tu sitio sea pequeño y de poco tráfico: es más barato y más simple, y un buen plan compartido puede ganarle a un VPS barato sobrevendido. No hay ninguna prisa por subir de peldaño antes de tiempo, y no te empujaremos a hacerlo.
El salto tiene sentido cuando has superado eso: tráfico constante, una aplicación real con base de datos, configuración propia del servidor, tu propio cortafuegos o necesidades de cumplimiento. La señal habitual es tráfico o ingresos reales —más o menos el punto en que el throttling o un vecino ruidoso empiezan a costarte más que la mejora. En España, los VPS de entrada arrancan en torno a cuatro o seis euros al mes, así que el salto rara vez es una cuestión de presupuesto, sino de cuándo el compartido empieza a frenarte.
Para qué
El VPS es el caballo de batalla del hosting: lo bastante potente para trabajo real, lo bastante simple para no necesitar un equipo de operaciones. Estos son los usos más comunes en nuestro mercado.
4 GB de RAM con Redis y OPcache sostienen de 500 a 1.000 pedidos al día sin el ahogo del compartido.
alojar de 20 a 100 webs de clientes con aislamiento de recursos desde un panel, muy por debajo del coste de un hosting por cliente.
Node, Python o Go con base de datos, que necesitan acceso root, puertos abiertos y recursos dedicados.
n8n, agentes y modelos privados que piden control total y datos en tu propia máquina.
de 2 GB para diez mil visitas al mes a 8 GB para una tienda grande, con la base de datos sin vecinos.
donde la latencia constante y la vCPU dedicada marcan la diferencia frente a un núcleo compartido.
Buena parte del crecimiento reciente del VPS viene de querer alojar uno mismo lo que antes se delegaba en un servicio de terceros. Herramientas de automatización como n8n, agentes de IA, paneles, bases de datos, un servidor de correo o una VPN se montan en un VPS porque dan justo lo que piden: acceso root, puertos abiertos, recursos dedicados y, sobre todo, el control de dónde viven los datos. En un momento en que la soberanía del dato pesa cada vez más, tener tus propias herramientas en una máquina europea bajo tu control es una ventaja real, no solo una preferencia técnica.
El equilibrio honesto es que self-hosting significa que tú operas. Tienes el control total, pero también la responsabilidad de las actualizaciones, las copias y el endurecimiento —y por eso ofrecemos la opción gestionada para quien quiere el control sin la guardia. Sea como sea, lo que corre en tu VPS es tuyo, y puedes llevártelo cuando quieras.
Un VPS es de especificación fija a precio mensual plano; una instancia de nube es la misma idea pero elástica y por API, que redimensionas y pagas por horas; y el bare metal es la máquina física entera. Elige VPS para cargas estables y predecibles donde un coste mensual conocido es una ventaja; nube cuando tu carga sube y baja y quieres pagar solo por los picos; y bare metal cuando necesitas rendimiento máximo y constante o aislamiento físico total. Como los tres viven en la misma red, con las mismas IP limpias y la misma absorción de DDoS, moverse entre ellos no es un proyecto de migración.
La mayoría de los proyectos —incluso de tamaño considerable— funcionan perfectamente en un VPS bien configurado con NVMe y KVM. El límite real no suele ser el tipo de proyecto sino el tamaño del plan, así que antes de saltar a un dedicado conviene probar a escalar el VPS. El dedicado se justifica cuando el más mínimo «ruido de vecindad» en la E/S es un problema, cuando una norma exige hardware no compartido —banca, salud, sector legal— o cuando necesitas más de 128 GB de RAM o CPUs de 32 o más núcleos en un solo entorno.
Un VPS se aprovisiona en minutos con el sistema operativo que elijas y, cuando se queda corto, subes de plan en vez de migrar: más vCPU, más RAM, más disco sobre la misma máquina, con recursos que siguen siendo dedicados y garantizados. Y como comparte red, IP limpia y panel con nuestra nube y nuestro bare metal, el día que una pieza necesite elasticidad o hierro entero, el salto es continuo y sin reescribir nada.
El aprovisionamiento rápido cambia además la forma de trabajar. Levantas un VPS para probar una idea esta tarde, lo destruyes si no cuaja, y clonas el que funciona para tener un entorno de pruebas idéntico al de producción. Esa libertad de crear y tirar máquinas sin pedir hardware ni esperar es justo lo que separa un VPS de un servidor físico, y lo que lo hace el peldaño natural para empezar.
Sin gestionar te da root y control total: tú llevas el sistema operativo, las actualizaciones, las copias y el endurecimiento, y nuestro soporte cubre el hardware y la red. Gestionado nos pasa esa fontanería —parches, monitorización y copias— para que un equipo sin administrador de sistemas tenga igualmente la economía de un VPS sin montar una función de operaciones. Ambos corren sobre el mismo hardware y la misma red.
Un VPS a tres euros sin panel, sin soporte y sin copias puede acabar costando más que uno a diez con todo incluido, en horas perdidas y sustos evitables. Por eso miramos el coste total, no solo la etiqueta: te ayudamos a elegir gestionado o sin gestionar según a quién tienes en el equipo, no según qué nos factura más.
La honestidad sobre un VPS pasa por nombrar su única limitación estructural: un VPS vive en un solo host físico, así que comparte su suerte. Por eso corremos almacenamiento RAID y red redundante para bajar el riesgo, y te ayudamos a montar snapshots y copias fuera de la máquina para que un mal día sea recuperable en vez de definitivo. Esas copias, separadas de los snapshots, son la diferencia entre un susto y una pérdida.
Si tu aplicación de verdad no puede tolerar la caída de un host —si necesita sobrevivir a un fallo de hardware de forma transparente— esa es una razón legítima para subir a nuestra nube elástica o a una configuración en clúster, y te lo diremos en vez de fingir que un único VPS hace ese trabajo. La mayoría de los proyectos no lo necesitan; los que sí, lo saben, y los llevamos al peldaño correcto.
Operamos VPS con vCPU dedicada y recursos garantizados sobre AMD EPYC y NVMe, en la misma red limpia y protegida que el resto de nuestros servicios, con datos en regiones de la UE conformes al RGPD. No sobrevendemos hosts ni escondemos el throttling tras una etiqueta de marketing. Donde aportamos valor es en un VPS predecible y honesto, y en decirte con franqueza cuándo el compartido te basta o cuándo la nube o el bare metal te convienen más.
Preguntas
Lo que se pregunta antes de dar el salto a un VPS.
Un servidor privado virtual es una máquina virtual de especificación fija: una asignación definida de vCPU, RAM y almacenamiento NVMe que es tuya por un precio mensual plano, con acceso root y aislamiento de otros inquilinos. Es el peldaño por encima del alojamiento compartido —donde los límites laxos y compartidos pasan a ser recursos garantizados que controlas— y por debajo de la nube y el bare metal.
La sobreventa consiste en meter en un host físico muchos más servidores virtuales de los que de verdad puede mover, apostando a que no todos estén ocupados a la vez. Cuando la apuesta falla, los benchmarks caen de un tercio a la mitad y tu CPU se atasca según se activan los vecinos, visible como un 'CPU steal' alto. Lo evitamos dando vCPU dedicada sobre hardware AMD EPYC capaz, en vez de núcleos compartidos y burstable, así el steal se queda cerca de cero incluso bajo carga.
Para un sitio que hace trabajo real, sí: normalmente varias veces más rápido y mucho más constante, porque tienes CPU y RAM dedicadas en vez de competir con cientos de cuentas en una máquina. Pero un sitio pequeño y de poco tráfico va perfectamente con un buen compartido, y un plan compartido de calidad puede ganarle a un VPS barato sobrevendido. La respuesta honesta depende de dónde estés.
Quédate en compartido mientras tu sitio sea pequeño y de poco tráfico: es más barato y simple. Pasa a un VPS cuando tengas tráfico constante, una aplicación real como Node o Python con base de datos, configuración propia del servidor, tu propio cortafuegos o necesidades de cumplimiento. El disparador habitual es tráfico o ingresos reales, el punto donde el throttling o un vecino ruidoso empiezan a costarte más que la mejora.
Un VPS es de especificación fija a un precio mensual plano; una instancia de nube es la misma idea pero elástica y por API, redimensionada y facturada por horas. Elige un VPS para cargas estables y predecibles donde un coste mensual conocido es una ventaja; elige nube cuando tu carga sube y baja y quieres pagar solo por los picos. Ambos corren aquí sobre los mismos hosts KVM aislados, así que moverse entre ellos es fácil.
Sí, y con facilidad. Un VPS corre software estándar de código abierto, sin APIs propietarias, así que puedes migrarlo a otro proveedor en horas en vez de reescribir tu infraestructura. Esa portabilidad es lo contrario del anclaje de la nube, y creemos que es una ventaja que merece conservarse: si dejamos de merecer tu negocio, deberías poder irte sin penalización.
Sin gestionar te da root y control total: tú llevas el sistema operativo, las actualizaciones y las copias. Gestionado nos pasa esa fontanería, para que un equipo sin administrador de sistemas tenga igualmente la economía de un VPS. Ambos corren sobre el mismo hardware y la misma red; la elección es solo cuánto quieres operar tú, y puedes cambiar después.
Sí, si eliges una región de la UE. El RGPD exige que los datos de ciudadanos europeos se procesen en la UE o en países con protección equivalente, así que un VPS en Europa hace el cumplimiento automático, mientras que un proveedor fuera de la UE te obliga a salvaguardas extra como las cláusulas contractuales tipo. Además, un centro de datos cercano recorta la latencia: pocos milisegundos a Madrid frente a decenas hacia el norte de Europa.
Qué corre tu proyecto y cuánto tráfico mueve, y te decimos qué plan encaja —o si el compartido te basta o te conviene la nube o el bare metal. Sin sobreventa ni presión.